• Fiorella Levin

Decisiones pendientes

Actualizado: mar 18

Me molesta tener decisiones pendientes, en realidad me molesta tener lo que sea pendiente, porque me gusta resolver. Pero hay veces que tomar decisiones antes de tiempo puede ser un gol en contra. Cuántas veces nos comprometemos con alguna reunión social y llegado el día nos preguntamos para qué confirmamos nuestra presencia. El problema es que hay que bancarse ese monstruo ansioso en la espalda que quiere un veredicto y lo quiere YA. Y si bien muchas veces debemos decidir a la brevedad porque hay otras personas involucradas (como un jefe que espera nuestro trabajo o nuestra pareja), también es cierto que en ocasiones somos nosotros los que podemos corrernos de nuestro propio camino porque no hay nadie apurándonos a decidir. Y si logramos negociar con ese cuco interno que nos apura, es posible que en el momento que decidamos, tomemos una mejor decisión.


Recientemente me di cuenta que cuando escribo, algunos posteos fluyen muy rápidamente y otros llevan mayor tiempo de reflexión o búsqueda de material. Pero en ambos casos lo que sigue es hacer revisiones en las que le doy forma a una idea, corrijo errores de ortografía, etc. Recién después de terminar la parte de escritura y edición, selecciono las fotos que van a acompañar ese posteo, invento un título que represente al conjunto y finalmente presiono el botón "publicar". Lo que descubrí es que si soporto la idea de dejar el posteo en "borradores" y llevo mi atención a otra tarea por un tiempo considerable (salir de mi casa, trabajar en otro proyecto, entrenar o lo que sea que me corra la cabeza de lo que acabo de escribir), el 100% de las veces se me ocurre algo nuevo o agrego un nuevo ángulo interesante para lo que acabo de expresar y el resultado final me gusta más. La tentación de apretar el botón de publicar es muy grande y me recuerda a la misma sensación que cuando estamos a dieta y nos obligamos a no agarrar ni una sola galletita, pura fuerza de voluntad.


La escritora Liliana Heker tiene un credo cuyo primer argumento dice así:


"1) Las ganas de escribir vienen escribiendo. Es inútil esperar el instante perfecto, aquel en que todos los problemas del mundo exterior han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de sentarse y escribir: ese instante de perfección es altamente improbable. En general, una se sienta a escribir venciendo cierta resistencia (...), una oficia ciertos ritos dilatorios y por fin, con cierta cautela, escribe. Y en algún momento descubre que está sumergida hasta los pelos, que los problemas del mundo exterior han desaparecido, que no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir" (La trastienda de la escritura)

Así como existe la resistencia a hacer algo, también está la resistencia para no hacer cuando ya tenemos algo armado o decidido. Hace poco empecé a hacer el ejercicio de preguntarme "esta decisión ¿puede esperar?" y si la respuesta es afirmativa, se que cuando vuelva sobre el tema mi mente estará más fresca y aunque haya pasado poco tiempo, podré mirar mejor. Un buen recordatorio de que hHacer las cosas rápido no significa ser más eficiente.



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©2020 blog Fiorella Levin
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