• Fiorella Levin

Tao



Había escuchado la palabra cientos de veces pero no tenía idea de su significado hasta hoy, que terminé de leer El Tao de los líderes de John Heider. Tao, según encontré en internet, "puede traducirse literalmente como ‘el camino’, ‘la vía’, o también por ‘el método’ o ‘la doctrina". Según este autor, Tao significa "cómo". "Nunca llegarás a una cosa llamada Tao o Dios. Tao no es una cosa. Tao es un principio o una ley. Tao es cómo ocurren todas las cosas". El libro se orienta al liderazgo, muestra una forma de liderar sin imponer y la importancia de la actitud del líder para lograr un proceso saludable en cada grupo que se lidera. Dice un extracto:


"El proceso del grupo se desarrolla naturalmente. Se regula a sí mismo. Los esfuerzos por controlar un proceso casi siempre fallan. O detienen el proceso o lo hacen caótico. Aprende a confiar en lo que está ocurriendo. Si hay silencio, déjalo aumentar; algo surgirá. Si hay tormenta, déjala rugir; se calmará".


Pensé, mirando en retrospectiva, tantos procesos en los que opuse considerable resistencia y- dicho y hecho- me estanqué. Cuánta verdad detrás del Tao, las polaridades que rigen la vida (lo femenino, lo masculino; lo bueno, lo malo; el estancarse y el avanzar, etc), cómo en definitiva es tal como señala uno de los principios del Hermetismo; las polaridades no son otra cosa que dos extremos opuestos de la misma cosa, en los cuales oscilamos continuamente (por ejemplo la temperatura, el frío es un extremo y el calor es otro, dos extremos opuestos de lo mismo). Qué difícil resulta en ocasiones recordarlo o ponerlo en práctica.



Hoy leí Chillax, el newsletter de Delfina Campos que arrancaba con un primer párrafo que me generó bastante molestia: "El otro día fui al gimnasio y la entrenadora me dijo que lo ideal para “estar bien” es dejar de comer carne, lácteos, harinas, alcohol y azúcar. Me dio angustia." No pude evitar el malestar, no solo por el comentario de esta persona sino y sobre todo por el efecto indeseado que produjo en Delfina así que le escribí contándole mi experiencia, en un intento, supongo, de hacerle saber que está bien que respete su camino y lo que siente. ¿Por qué insistimos en bajar línea con fórmulas que encontramos útiles para nosotros? ¿Por qué olvidamos que el otro tiene sus valores, sus tiempos, su proceso y que no tiene que coincidir con los propios? Podemos mostrar, contar, pero decretar qué es lo correcto es una forma de egocentrismo.


Entonces recordé el Tao. La importancia de enseñar desde el ejemplo y no desde la palabra: "El líder enseña más con su ser que con su hacer. La calidad de su silencio tiene más contenido que los largos discursos. Quédate quieto. Sigue tu sabiduría interior. Para conocer tu sabiduría interior tienes que estar quieto. El líder que sabe estar quieto y sentir con profundidad, será eficaz. Pero el líder que charlatanea y presume y trata de impresionar al grupo, no tiene ni centro ni peso". El ego, esa amenaza que vive en todos de modo omnipresente y que quiere salir a escena en cada ocasión que encuentra. Pero conviene no olvidar que somos nosotros, nuestra esencia verdadera, la que está al mando y puede mandarlo al rincón. Las intenciones seguramente son buenas pero, paradójicamente y tal como le pasó a Delfina, lejos de producir el efecto deseado, terminan por producir el efecto contrario.


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