FIORELLALEVIN

 
 
  • Fiorella Levin

Recalculando

La cuarentena sigue mutando y yo con ella. Primero el plazo era de catorce días, lo que tarda el coronavirus en manifestarse si uno está infectado. Luego, para evitar una ola masiva de contagios, extendieron el aislamiento estricto por otros catorce días y ahora, aún en el final de ese plazo, ya sabemos que en principio nos esperan diez días adicionales por delante. Apoyo la medida porque, a esta altura es evidente, pareciera ser lo más efectivo para "aplanar la curva", tal como dicen los especialistas. Y lejos de amargarme, yo me siento en un momento de gran creatividad, no paro de escribir, leer, hacer ejercicio, cocinar y armar otro proyecto que tengo en camino. Por si esto fuera poco, voy rescatando material que considero interesante, que comparten otras personas en internet, lo cual me dispara nuevas ideas y así nace un ciclo de retroalimentación virtuosa. Me pasó, por ejemplo, con esta joya que publicó Ariel Tiferes en su último newsletter, no dejo de sorprenderme del poder de creatividad que tenemos.


El gimnasio donde entreno está cerrado desde que empezó todo esto, al principio los profesores daban las clases a través de los "live" -vivos- de Instagram (videos en tiempo real y para varios usuarios en simultáneo) desde la cuenta oficial del gimnasio y también otras desde sus cuentas personales. Esta semana comunicaron el método por el cual centralizaron todas las actividades. Tal como indicaron por mail, me registré en una plataforma nueva creada para tal fin, reservé un día y horario con mi profesor habitual y el día y hora estipulados me conecté pero esta vez éramos solamente él y yo viéndonos en tiempo real, con el decorado de nuestras casas de fondo. En media hora me fue guiando con ejercicios que ya conozco y de acuerdo al objetivo que él sabe que busco, me corrigió la postura, me tomó el tiempo, me indicó cuándo descansar y qué grupo muscular elongar. Entrené de modo intenso durante ese lapso de tiempo y volví a repetirlo hoy y lo seguiré haciendo hasta que se levanté este aislamiento. ¿Eso pasó en mi casa? Sí, fue en casa.


Por otro lado, las redes sociales se convirtieron en el equivalente a la televisión de fondo, siempre encendida ante algún suceso de magnitud similar. La parte buena: abunda la información, la parte mala: abunda la información. Y como en toda situación, cada uno lo toma como puede. Estos días, a medida que nos fuimos acercando al final de este tramo de la cuarentena y una vez que anunciaron la nueva extensión de la misma, escribí sobre la sensación de sentirnos improductivos, la gente que no puede trabajar e incluso algunos de los que sí lo hacen de modo online, sienten que al día le sobran horas porque se hace largo como un chicle. Y aun sabiendo de esas horas que flotan como burbujas suspendidas en el aire, no es momento para sembrar culpas por todo lo que no hacemos sino de sostenernos en esta nueva incomodidad. Sostenernos significa comprender que nuestro estado de ánimo va a fluctuar y aceptarl esos cambios mientras seguimos ahí.


A mi me agarró por el lado creativo aunque también duermo mis buenas siestas cuando lo creo necesario. Algunas personas me preguntaron cómo puedo mantenerme activa en este contexto, no creo ser un ejemplo a imitar justamente porque es un momento para no imitar a nadie sino para sentir la necesidad propia. Ni quiero adentrarme en ese tema porque tiene considero que influyen varios factores (empezando porque trabajo en mi casa hace muchos años) pero recordé y quiero compartir lo mismo que contestó Agustina D´Andraia cuando le preguntaron cómo hacía para entrenar tanto. Y la respuesta es "no lo pienso". No tiene retruco, literalmente esa la respuesta. Me despierto y ya tengo un listado de lo que voy a hacer el resto del día sin pensar que estoy aislada o que en este momento el mundo está detenido, porque yo quiero que el mío siga girando. Desconectarme del celular fue de mucha ayuda luego de los primeros días que, con las novedades, me la pasé mirando Instagram y me sentí tan mareada que decidí mirar lo justo y necesario, según mis términos, claro. Volví hacia adentro y casualmente afloró la creatividad. No creo que sea casual.


Miro mi casa con otros ojos, como si algo hubiera cambiado aunque está todo exactamente igual. Y lo entiendo pronto, es que tal como ocurre con las situaciones, los espacios también se resignifican. Basta con salir a la calle estos días y constatar que, fuera de los momentos en que la gente sale a hacer las compras, parece un pueblo fantasma. Y me nace el deseo, en mi mente optimista y una vez que finalice la cuarentena, de que también podamos resignificarnos nosotros, los humanos, replantearnos el rol que tenemos dentro de este vasto universo. Pienso en esa frase "nada cambia, si yo cambio, todo cambia" que calza justo para el momento porque, en última instancia, creo que todo vuelve a eso. A repensarnos desde lo individual, volver adentro, a uno y cuando individualmente seamos más conscientes de lo propio, podremos afectarnos de manera colectiva, crear un nuevo mundo a partir de lo que existe.


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Cortito y al pie.  

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©2020 blog Fiorella Levin
www.fiorellalevin.com

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