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  • Fiorella Levin

Procesos

Estoy trabajando sobre un proyecto relacionado con los procesos que me llevó a pensar que la cuarentena que estamos viviendo a raíz de la pandemia del coronavirus, es en sí mismo otro proceso. Pensé que entonces pueden haber procesos dentro de otros procesos porque, a mi modo de verlo, vivíamos de una determinada forma, luego llegó la pandemia y estoy segura que cuando esta pase, también surgirá algo nuevo, un estadío diferente. Posiblemente a la distancia miremos atrás, hacia este año 2020, y ahí podremos comprender con mayor claridad de qué se trató este proceso, en el momento es difícil sacar conclusiones porque aun lo estamos viviendo y con el diario del lunes siempre es más fácil ver.


Presté atención a que mis semanas son fluctuantes en esta cuarentena, la primera me invadió una sensación como si estuviera viviendo en un universo paralelo, salir a la calle vacía a pasear a mi perro me produjo una mezcla de angustia y desamparo pero a la vez, una alegría tremenda, sabiendo que lo que estamos haciendo al quedarnos aislados en casa es lo que hay que hacer; lo que nos va a permitir evitar una tragedia como ocurrió en Italia o España y eso acá en Argentina, donde nos cuesta tanto acatar las reglas, vale doble.


Pude acomodarme muy bien con mis rutinas porque hace muchos años que trabajo desde casa, si bien entro y salgo constantemente, soy de naturaleza inquieta por lo que necesito salir, hacer deporte al aire libre, conectar con el mundo exterior. Pero también me sorprendió constatar la capacidad de adaptación que tenemos, reemplacé mis entrenamientos de peso del gimnasio por clases virtuales de entrenamiento funcional, usando mi propio peso corporal como herramienta, y pude suplir los días que corro o ando en bicicleta en la calle con clases de cardio, como las de body attack que nunca había hecho y me divirtieron como loca. Jamás hubiera pensado que podía entrenar tanto en mi departamento de dos ambientes.


Pero lo más curioso llegó la tercer semana, supongo que ya adaptada a la situación y sin oponer resistencias, me invadió una ola inmensa de creatividad, conecté con un proyecto que sabía que iba a hacer en algún momento -este mismo en el que estoy trabajando ahora en relación a los procesos- pero no encontraba ese momento; no por no tener tiempo sino porque no veía la forma de enfocarlo. Y esta semana encontré el modo, paradójicamente inmersa en medio de un proceso y no me resulta casual porque la incomodidad, en mi experiencia, trae este tipo de cosas. Del desorden, del caos que constituye a los procesos en sí mismos, nace algo de orden, en este caso la forma para mi idea.


Vivimos atravesando y atravesados por los procesos, de hecho la mayoría de los cambios lo son incluso cuando llegan de manera abrupta o inesperada porque lo que les sigue, ese período de acomodamiento, también es parte del proceso (cambiar de trabajo, cambiar un hábito, cortar una relación o empezarla), esa etapa de adecuación varía, puede tardar poco, mucho, depende de tantos factores. Muchas veces cuento que en el ámbito laboral tengo experiencia pateando tableros y por eso en volver a empezar, porque dediqué la mayor parte de mi vida a emprender haciendo proyectos y teniendo trabajos nuevos, algunos cortitos, otros más largos pero con el cambio como única constante. Mi vida es cambio porque así lo elegí y no es que me guste incomodarme a propósito sino que asumí el compromiso de aprender lo máximo posible como un estilo de vida y eso trae buenas recompensas pero también varios dolores de cabeza.


Volviendo a la cuarentena, algo nuevo que hice fue sumar gente desconocida en la red social que más uso - Instagram- y entablé conversaciones muy interesantes con personas de todo el mundo, desde cómo están viviendo la cuarentena en su país, qué pueden hacer, qué no, cómo los afecta en sus trabajos y también cómo se sienten. "Raro" es la palabra que muchos repiten (me incluyo). Hay quien no logra habituarse a la cuarentena, quizás no la resiste pero tampoco es capaz de conectar con lo nuevo, hacer otras actividades, tomarlo como una oportunidad y es válido, cada cual lo vive como puede, algunos sólo quieren tomarse esto como un paréntesis y no hacer nada, es tan personal y subjetivo que no hay fórmulas.


También hablaba con una íntima amiga psicóloga, que me comentaba que al principio sus pacientes no querían hacer sesiones online pero con el correr de los días, aumentaron las consultas y el miedo como denominador común. Reflexionando, ambas coincidimos que cuando estamos atravesando los procesos, en esa sensación de incomodidad, donde con el correr de los días se va asentando una nueva rutina, una nueva forma de vivir el día a día que no nos gusta, la mente nos juega una pésima pasada porque no sólo imaginamos escenarios temibles sino que comenzamos a creer que esta va a ser nuestra vida de ahora en adelante. Y me acuerdo de quien fue mi psicólogo que, en los momentos de angustia de mis peores procesos, solía decirme una frase brillante que me quedó grabada: "Fi, desconfiá de tu cabeza". Todo eso terrible que nos imaginamos no va a suceder (es la ley elemental del miedo, jamás se cumple o no como lo imaginamos), el proceso sigue y nosotros con él.


Matt Haig, el autor del libro "Razones para seguir viviendo", describe en el mismo su lucha contra una depresión con ansiedad (combinación letal) y hace un monólogo excelente que ilustra esta situación:

No podemos ir al futuro y hablarnos desde ahí pero para calmarnos un poco podemos correr un rato el foco de atención. Leí esta nota que me pareció un excelente recordatorio sobre la antítesis del miedo. Yo la llamo confianza, aunque ella la llama fe, pero si no son caras de una misma moneda, quizás son primas hermanas. Estoy convencida, como dice Matt, como dice Ingrid y como tantas otas personas, que después de este momento llega un buen aprendizaje, siempre están.


Eddie Vedder dice "vamos a levantarnos"en esta canción que me encanta y yo coincido que todos tenemos nuestro as debajo de la manga que si no es ahora para atravesar la cuarentena, podremos usar cuando corra el tiempo. (Y de paso, si no viste la película para la cual compuso este gran álbum, es imperdible y está basada en hechos reales, ideal para la cuarentena!)




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Cortito y al pie.  

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©2020 blog Fiorella Levin
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