• Fiorella Levin

Mundial de Escritura 2021 - Día 1


Volví al ruedo, esta vez nos piden escribir la misma cantidad a diario, 3.000 caracteres, pero será solamente por doce días en lugar de los quince anteriores. Hoy empezamos esta competencia con la siguiente consigna:


"Escribir un mail que nunca enviaríamos, ya sea por una imposibilidad real, por vergüenza o porque no podemos acceder a esa persona"


Y este es mi mail:


Lo tendría que haber previsto pero no había forma de decírtelo, Manuel. Aunque se que lo intuías porque fuiste sabio desde chico aunque muy inseguro, por eso dudaste hasta de tus propios sentimientos. Sí, claro que el tiempo te trajo madurez y te hiciste más fuerte pero pasó mucha agua debajo del puente y con el diario del lunes somos todos unos genios.


Cuando mamá lo contó en aquella cena, delante de María y de Guille tenías veintinueve, ya no eras ningún gil aunque los mellizos todavía eran adolescentes despreocupados, demasiado chicos para procesar semejante primicia. Todavía me acuerdo de sus caras, se miraron entre sí, mezcla de divertidos, extrañados, desubicados... no entendían nada, pobres pibes. Y vos Manuel, con el pollo atragantado y tu risa sardónica que fue la única expresión pasable que lograste en el momento porque por dentro desbordabas de rabia y ya no se si era rabia contra lo que acababa de dejar mamá al descubierto, o hacia vos mismo por saberlo tanto tiempo atrás y no emitir ni una sola palabra al respecto.


Es que nunca quisiste decirles nada a tus hermanos tampoco, refugiándote en que solo se trataba de sospechas, y además estabas seguro que sus respuestas iban a ir por el lado que rondaban siempre; que eras un paranoico, que nunca confiaste en la gente, que mamá y vos tenían una relación podrida desde el día que naciste, ¿cómo te iban a creer una cosa como esa? y ni hablar que sus opiniones siempre fueron más calcadas que ellos mismos, si Maru decía “A”, Guille la secundaba. Pero lo que decía Manu, bueno, con Manu era otra cosa. Todos los años que te fumaste de terapia con el viejo Ordoñez, Manuel, ese gordo chanta que ahora mirando atrás no tengo dudas que solo fomentaba tu locura. Claro, el gordo era amigo de mamá.


Y si vamos a hablar de recuerdos, por qué no traer a colación lo que vino después de la cena, porque una vez que reventaste y supiste cómo eran las cosas realmente, no dudaste ni un segundo en ir a increparla, a preguntarle cómo pudo haber sido tan hipócrita todos esos años con sus propios hijos, mientras vos pensabas que te estabas volviendo loco, creyendo que tal vez eras de verdad un desconfiado de las personas y que tus intuiciones habían venido atrofiadas de fábrica. Qué tarado, ¿cómo pudiste desconfiar de vos mismo, Manuel? pero ya está, ya pasó, porque cuando explotó la bomba también mandaste a mudar al jetón de Ordoñez y lo reemplazaste por Colombo, el tano refinado que esta vez elegiste vos y no mamá y que aunque sesión tras sesión se viste de punta en blanco, te agarró al vuelo y no se le escapa una, está afilado este Doc, Manu,qué grande Colombo, una de cal y una de arena...


Y bueno Manuel, no se bien por qué te escribí, porque este mail no te va a llegar nunca, o sí, la realidad es que Colombo me dijo que este tema ya lo tengo bastante masticado pero que a veces sirve escribirle al que fuimos en el pasado. Así que gracias Manu, te la bancaste como un duque y al final saliste victorioso. ¿Viste? la vida siempre da revancha.