• Fiorella Levin

Marche una indulgencia


Carcassonne, Francia, 2008. A punto de devorar un crepe de Nutella



Me siento a escribir, es media mañana, en el fondo el ruido de una obra en construcción, más precisamente un taladro que hace más de una hora perfora algún piso no muy lejano, al igual que mis oídos. También, otro sonido más cercano, el del agua de la cocina hirviendo los garbanzos que pienso almorzar pronto.


Ayer por la tarde salí a correr después de varios domingos sin hacerlo, desde que entreno con constancia, los domingos son para fondear, buscamos sumar kilómetros en carrera continua, es decir, sin frenar. Fue una grata experiencia y por demás interesante, en primer lugar porque venía de un almuerzo de cumpleaños en el que comí de forma abundante, con chocolate por demás y me sentía pesada, salir a correr en ese estado no es buena idea pero ya había arreglado y no quería suspender el plan. Éramos solamente una compañera del running team y yo, para ella era el debut de los fondos y para mí iba a implicar un esfuerzo además de volver a acostumbrarme mentalmente a correr un domingo.


Esta chica y yo corremos juntas en el equipo de running pero fue la primera vez que estuvimos cincuenta minutos solas. Hicimos todo el recorrido a un ritmo cómodo que nos permitió sostener la interesante conversación que tuvimos, lo que hizo que el tiempo se esfumara y que me olvide de mi estómago maltratado apenas unas horas antes. Un tema en particular generó que ambas quedemos sumergidas en la charla; esa preocupación producto de la pandemia que todos manifestamos de distintas maneras y en el caso de ella y mío, en la incapacidad de controlar o moderar la voluntad, comiendo de forma compulsiva y sin fin. También le conté que dos personas muy cercanas volvieron a fumar después de años de haber dejado y también que tengo dos clientes nuevos que venden vino por correo, a quienes la pandemia solamente les potenció el negocio.


Hace unos meses noté que hay una especie de molestia que está latente, los días transcurren con "normalidad", sacando el contexto me refiero a que hay días buenos y malos como los hubo siempre, pero ahora en el fondo hay una incomodidad, una sensación en el cuerpo de que algo no está bien. Y pienso que cuando nos preguntamos por qué ya no funciona la voluntad subestimamos ese algo latente que sigue alojado en nosotros y que aun sabiendo que el mundo tiene, vacunas mediante, un horizonte prometedor respecto al fin de la pandemia, no se va.


Estos días le comenté a alguien que me preocupa no tener voluntad, cualidad que no suele fallarme. Aparece un día, se va otro y así. Cuando se va, se materializa en esos momentos en que me veo comiendo por demás y a pesar de decir "basta", no hay palabra que alcance, sigo a reventar. Esta persona me recordó la eficiencia de restarle importancia al tema, corriendo el foco, la atención, poniéndola en otro lado. El recordatorio me sirve, recalculo y destino toda mi energía a mis proyectos, a mis entrenamientos y durante un tiempo funciona hasta que, como ayer que anduve de cumpleaños, vuelvo a caer.


Ahí me recuerdo esa sensación latente, que no es angustia pero si un estorbo que impide que incluso en los mejores días funcionemos bien y que siento como un fastidio, el de tener este asunto de la pandemia pendiente, sin resolver, y con la incertidumbre que nos genera. Entonces intento ser indulgente conmigo y lejos de presionarme por hacer mas esfuerzos, me permito este vaivén alimenticio. Confío en que cuando el contexto sea otro me voy a acomodar mejor porque además quiero aprender a comer mejor, de forma mas equilibrada, sin tantos excesos porque amo comer pero quiero darle a mi cuerpo lo que realmente necesita y no comer por amor a la comida. El año pasado, fiel a mi estilo extremista del cual no me jacto, aprendí que de tanto comer chocolate con leche y golosinas del quiosco, logré hartarme de mi propia conducta y cuando finalmente tomé la decisión, pude hacer la transición al veganismo sin ningún tipo de problema, desde ya que en el fondo estaban y están mis creencias fuertemente arraigadas. Se que el paso que sigue es el del equilibrio y mi apuesta será, tal vez, hartarme del extremo de la abundancia de comida.


Así que, si estás en algo similar, comiendo por comer, fumando otra vez, tomando alcohol como nunca, no estás solo querido ser humano. Bienvenida la indulgencia, confiemos que seremos capaces de cruzar el puente hacia otra estabilidad y de momento, sigamos haciendo lo mejor posible, lo que sea que eso signifique para cada uno.



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