• Fiorella Levin

Kurt Vonnegut: la mirada de un empático



¿Quién era Kurt Vonnegut? Considerado un autor de culto, el escritor Kurt Vonnegut "nació en Indianápolis en 1922 y falleció en Nueva York en 2007. Estudió química y antropología pero a pesar de su formación se dedicó a la escritura y a dar clases de literatura" dice un pequeño extracto de la vida de este autor en uno de sus libros. La parte triste, aunque interesante, que definió su postura acerca de los temas que aborda en muchas de sus obras es que "durante la Segunda Guerra Mundial, en 1945 presenció como prisionero de guerra la matanza de cientos de civiles en el bombardeo de Dresde. Una experiencia que lo marcó al punto de que recién podría escribir sobre ella más de veinte años después".


Y como él mismo relata en sus libros, su mirada de la vida a partir de esta horrible experiencia lo dejó totalmente horrorizado, creyendo que el ser humano es lo peor que le sucedió al universo. Por este motivo, sus obras están plagadas de sarcasmo, que personalmente me encanta, pero también de un pesimismo y una mirada bastante siniestra de la humanidad y del futuro de la misma. Como dice parte de la sinopsis en otra de sus obras, el autor reflexiona "sobre el tema que lo obsesionó siempre: las catástrofes que causan los hombres en su afán por alcanzar el bienestar y la felicidad".


Sus escritos son, a mi modo de entender, completamente delirantes, catalogadas como de ciencia ficción pero coincido con él cuando decía que nunca entendió por qué, "tal vez, arriesga, porque sabía de tecnología y tenía una formación técnica, y eso no es habitual entre críticos y escritores" pero en los mundos que exhibe en sus publicaciones, la ciencia ficción está cargada de una cuota importante de realidad.


La primer obra que leí fue Cuna de gato (la primera edición corresponde al año 1963 en el cual solamente vendió 500 ejemplares), una historia cuyo título "hace referencia al popular juego de habilidad con hilos; se supone que, manipulando uno, el jugador puede crear una “cuna de gato”, pero el observador no ve la cuna ni ve al gato, sino solo un juego de prestidigitación, un enredo de hilos y dedos que no tiene ningún sentido y que, por consiguiente, se parece mucho al mundo". En esta primer novela se pueden observar varios elementos que dejan ver sin tapujos su visión del mundo, la idea del bien y el mal, el bokononismo (una religión profética y absurda), referencias de la guerra (un dictador demente, una bomba que termina con la vida en el mundo), la irracionalidad de la gente, las mentiras, el poder.


Esta primera lectura me dejó pensando bastante porque la historia que relata es en extremo delirante, con la característica adicional -y que comprobé luego en el resto de las obras que leí- que es un autor cuya velocidad en el desarrollo genera que el lector se maree fácilmente por la cantidad de capas y capas de hechos que se van sucediendo y datos que se apilan; infinidad de personas, descripciones minuciosas que deja suspendidas y que retoma más adelante pero que a la vez no hace falta realmente recordar porque lo importante es todo lo que va diciendo entre líneas. La historia es disparatada, imaginativa, creativa pero en el fondo, duele. Y por primera vez me despertó mucha curiosidad seguir leyendo obras de este autor, no tanto porque esta primera me hubiera parecido "buena" a nivel narrativo sino porque pude empatizar con la persona escribiendo detrás.


Así di con su segunda obra, que fue la última que publicó llamada Un hombre sin patria (2005). Este libro incluye textos cortos acompañado de ilustraciones del mismo autor y es un conjunto de reflexiones y posturas de la vida sin ningún tipo de ficción. Este trabajo terminó de plantarme la semilla del interés por las obras de Vonnegut, confirmando los mismos motivos que en el anterior, potenciados porque en esta no se sirve de la ficción como recurso para expresarse sino que habla sin rodeos, con infaltable ironía y sarcasmo frente a su visión sobre las pequeñas cosas, iluminando grandes verdades:


"Eso sí, estoy enganchado al tabaco, no es ningún secreto. No pierdo la esperanza de que me mate. Un fuego en un extremo y un tonto en el otro."


La vida no es forma de tratar a un animal


Recorre otras muy profundas e igual de certeras:


"Albert Einstein y Mark Twain renunciaron a la raza humana al término de su vida, y eso que Twain ni siquiera había visto la Primera Guerra Mundial. La guerra es ahora un entretenimiento televisivo. Y lo que hizo especialmente entretenida a la Primera Guerra Mundial fueron dos inventos estadounidenses: el alambre de púas y la ametralladora. (...)

Ahora, al igual que Einstein y Twain, mucho más sabios que yo, renuncio también a la gente. Soy un veterano de la Segunda Guerra Mundial y debo decir que esta no es la primera vez que me rindo ante una máquina de guerra implacable.

¿Mis últimas palabras? "La vida no es forma de tratar a un animal, ni siquiera a un ratón".

El napalm salió de Harvard. ¡Veritas!

¿Nuestro presidente es cristiano? También lo era Adolf Hitler."


"Creo que el sistema inmunológico del planeta intenta deshacerse de nosotros con el sida y nuevas cepas de gripe y tuberculosis y todo eso. Me parece que el planeta debería deshacerse de nosotros. Somos unos animales realmente odiosos."



El tercer trabajo que leí de este autor fue Desayuno de campeones (1973), desde el título sospeché que el contenido de esta novela vendría con sobredosis de burlas y humor negro y confirmé mi intuición al terminarlo. El libro se recorre con ilustraciones del mismo autor, igual de disparatadas que la historia que, por momentos y una vez más, abruma con la cantidad de información, personajes y descripciones que desarrolla (lo que la convierte en una lectura densa de a ratos ya que se ramifica en incontables oportunidades), hasta que al fin aparecía ese bendito renglón, esa aguja en medio del pajar, que me hacía explotar de risa y convertía todo el tedio eventual en algo sorprendente. Así supe que este libro lo leería hasta el final.



Desayuno de campeones es una crítica despiadada especialmente a la sociedad norteamericana, ya que ataca con vehemencia algunas problemáticas históricas de dicha sociedad, como la discriminación racial y social, las drogas, el alcohol, la locura, el capitalismo, el sueño americano, el individualismo.


Sobre las armas: "Las sustancias malas obligaron a Dwayne a sacar un revólver calibre 38 de abajo de la almohada y ponérselo en la boca. Este era un utensilio que se usaba para abrir agujeros en los seres humanos. En la parte del planeta donde vivía Dwayne, cualquiera podía comprar uno en la ferretería. Todos los policías los tenían. También los delincuentes. También la gente atrapada en el medio".


Acerca de la esclavitud: "Recogió a Trout en la boca del túnel Lincoln, que se llamaba así en honor de un hombre que había tenido el coraje y la imaginación de lograr que la esclavitud humana fuera ilegal en los Estados Unidos de América. Esta era una innovación reciente. Los esclavos quedaron en libertad pero no tenían nada. Eran fáciles de reconocer. Eran negros. De pronto estaban libres y podían salir a explorar".



Payasadas (1977) es la última novela que leí hasta el momento (porque mi devoción recién comienza), otra historia absurda que me lleva a preguntarme una y otra vez si la imaginación inconmesurable que despliega Vonnegut en sus escritos no habrá sido una forma de escaparse de la vida, después de haber presenciado el horror extremo con sus propios ojos (y eso considerando que no leí Matadero cinco, el libro que escribió basándose en su trágica experiencia como prisionero de guerra en el bombardeo de Dresde) y luego de varios acontecimientos trágicos dentro de su propia familia.


Payasadas arranca con un prólogo escrito por el autor cuyas primeras líneas dicen "Creo que esto es lo más parecido a una autobiografía que voy a escribir en mi vida (...) Intento expresar cómo siento la vida: toda esa interminable serie de pruebas para mi limitada agilidad e inteligencia". Es también en el prólogo donde se adentra en su vida familiar, nos habla de su crianza y donde descubro más acerca del dolor que vivió en su familia. Su hermana estaba hospitalizada debido a un cáncer por el cual terminó muriendo a los 41 años dejando cuatro niños chicos que hubieran quedado al cuidado de su marido, si no hubiera sido porque este murió dos días antes que ella en un accidente de tren ("el único tren de la historia de Estados Unidos que cayó al vacío porque un puente levadizo no había sido bajado"). Luego explica que fueron él y su mujer, quienes criaron a tres de sus sobrinos, sumados a otros tres hijos propios que ya tenía el matrimonio.


Este libro pone el foco en la temática de la soledad del ser humano, la soledad de existir en un mundo injusto, donde la familia que toca es la que toca y cuyos personajes -dos hermanos gemelos- idean un plan para que todo el mundo pertenezca a familias numerosas y de esa forma nadie tenga que sentirse solo en su propia familia. El prólogo tiene sentido al finalizar la lectura, y a diferencia de las otras obras, esta me toca distinto, empaticé con los dos hermanos incomprendidos, que fueron rechazados de chicos por sus propios padres. Me apena pensar que esta es solo una de tantas verdades que lamentablemente están a la orden del día en el mundo en que vivimos.


"Creo que idealmente la vida debería ser como el minué o la polca, algo que se puede aprender fácilmente en una escuela de danza"



Hay algo extraño que me sucede con algunos autores. Cuando un libro me resulta agradable me intereso por la vida del autor, me pregunto qué lo habrá llevado a escribir cierta novela o a pensar en la temática que eligió en su relato. Hay algunos de ellos que me generan un interés particular, como Isabel Allende y Haruki Murakami, de quienes leí muchas de sus obras y conozco algunos detalles de sus vidas (como todo el exilio de Allende y la muerte de su hija Paula o el fanatismo por correr de Murakami) algunos porque están dentro de sus escritos, otros porque investigo, me genera intriga, curiosidad. Con Vonnegut me sucedió lo mismo con una particularidad adicional que se desprende de las mismas obras y es que Vonnegut era un empático, alguien que reflexionó acerca de la parte terrible, oscura y dolorosa de la vida, provocada ni más ni menos que por el humano mismo. Y me duele imaginármelo- y tal vez esta es mi cabeza que imagina y no la realidad- como alguien que quedó anclado ante la vida desde una visión pesimista, quien al menos logró sublimar sus tribulaciones a través de la genialidad de sus escritos.


Disfruté de su transparencia, su sinceridad, su autenticidad para escribir, donde no tuvo reparos en opinar ni guardó ninguna crítica al sistema desde su modo de ver el mundo pero a la vez encontré un dejo de inocencia o ingenuidad, casi como si por momentos quien tomara el relevo de la pluma fuera un niño enojado con un mundo hostil.


Empatizo fácilmente con la gente sensible porque soy parte de ese grupo humano que todavía se conmueve por cuestiones ínfimas, del mismo modo que por aquellas de gran envergadura. Y al final de las obras de Vonnegut me dieron ganas de abrazarlo, de calmar a ese niño herido, aquél que soportó el horror de participar en una guerra, el que sobrevivió al suicidio de su madre, a la muerte de una hermana y tanto dolor que no soy ni siquiera capaz de figurarme. Puedo comprender su decepción de la vida y la tristeza que debe haber cargado pero me conmueve más que haya sido capaz de canalizar tanto sufrimiento a través de la escritura, con semejante altura, y paradójicamente, sacarle una carcajada-en mi caso varias- al lector hablando de estos mismos temas. Gracias Vonnegut.



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©2020 blog Fiorella Levin
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