• Fiorella Levin

Ellas - Día 9

La consigna del día parecía fácil pero escribir con diálogos que parezcan fluidos no es tarea sencilla. Este era el desafío:


"Escribir una conversación entre tres personajes: entre dos de ellos hay una tensión y el tercero no sabe qué está pasando."



Ellas


Sonó el timbre menos cuarto en punto y bajé en seguida. Apenas nos vimos, nos abrazamos fuertemente igual que cada domingo que compartimos nuestras caminatas matutinas, coronadas por un café humeante y delicioso en el bar sobre la calle Juramento. Quedamos en buscar última a Marité, siguiendo el orden del trayecto y en pocos minutos llegamos a la puerta de su casa donde ya nos esperaba haciendo algunos estiramientos.

Abrazó efusivamente a Carmen y a mí me saludó con un cálido beso y un “hola Martita, tanto tiempo!”


-Qué bueno verte, Marité, me alegra que te hayas sumado a nuestro footing semanal- le dije mirándola a los ojos y me devolvió una amplia sonrisa por respuesta.


-¿Cómo te fue en la clase de inglés? - le preguntó Carmen mientras avanzamos en dirección a Palermo.


-Ay miren, no saben lo que pasó- comenzó a contar Marité-. Me estaba conectando y en el instante que se prendió la camarita me llega un mensaje por whatsapp de Ricardo diciendo que necesitaba hablar conmigo para darme una “gran noticia”, así textual, así que no llegué ni a disculparme con el profesor y mis compañeros y me desconecté intrigada como nunca.


- ¿y entonces? - interrumpió impaciente Carmen.


-Bueno, perá, lo llamé directo, me atiende y después de muchas vueltas me dice que no se aguantaba a llegar a casa para darme la noticia, que había comprado un viaje a Europa para dentro de dos meses- relataba Marité con emoción-. Así que me voy señoras!- sentenció.


Se hizo un silencio enervante a tal punto que levanté la mirada, venía concentrada mirando donde pisar y aquel impasse verbal me resultó extraño luego de aquella linda noticia. Carmen no dijo palabra y la expresión de su cara se transformó de golpe, pasando de la alegría a una rigidez preocupante. Me puse tan incómoda que creí oportuno llenar ese espacio vacío.


-Qué bueno, Marité, felicitaciones, debés estar chocha, ¿no? - comenté


Parecía feliz y lo confirmó a la vez que enumeraba los países que iban a recorrer con su nueva pareja. Su monólogo duró varias cuadras en las que no me animé a mirar a Carmen y Marité parecía demasiado compenetrada en su relato como para percatarse de otra cosa.

Dimos una vuelta al lago en la que no pude sacar la mirada del piso y aunque frené con la excusa de atarme los cordones, siguieron caminando delante mío, las dos calladas. Fue recién a cuatro cuadras de la casa de Martié que al fin Carmen explotó y sacó una furia de adentro que nunca había conocido.


- Pero mirá qué bueno eh- dijo irónicamente- la señora se va a Europa con el noviecito.

Marité la fulminó con la mirada.


-Lo único que falta es que te tenga que dar explicaciones a vos- le contestó Marité, sus ojos bien abiertos y las cejas arqueadas.


- Increíble- decía Carmen, buscando complicidad en mi mirada.


Sin darme cuenta, habíamos acelerado el paso y Marité estaría pronto en su casa.


-Buen viaje, reina- la despidió Carmen con sarcasmo.

Yo solo atiné a hacer una mueca de pena con la boca aunque Marité ni me miró. Regresamos hasta casa en silencio y suspiré aliviada cuando despedí a Carmen en la puerta.

No volví a saber más de Marité y Carmen tampoco quiso contarme de qué se trató aquella pelea, solo se que aquél día presencié el final de una amistad de cuarenta años.