• Fiorella Levin

El aburrimiento con Mario Levrero

Estoy leyendo un libro del escritor uruguayo Mario Levrero titulado La novela luminosa. En esencia, es un rejunte de un año entero de anotaciones personales en un diario que él llamó "El diario de la Beca", ya que le fue otorgada una por la Fundación Guggenheim, a fin de que termine lo que muchos años antes comenzó a escribir en calidad de novela, denominado "La novela luminosa" y que, por diversas situaciones de la vida, quedó trunca. Tal como explica en el prólogo, no logra terminar aquella novela ya que luego de 16 años en que inició aquella escritura, se encuentra parado en un lugar muy distinto de la vida, con un estilo de escritura distinto, habiendo atravesado otras experiencias, etc, entonces deliberadamente anexa hacia el final de este libro los capítulos que llevaba escritos hasta entonces de aquella novela luminosa.


Llevo leído casi la mitad del libro; el registro diario de sus reflexiones que van de Agosto del año 2000 a Octubre del mismo año. Sus reflexiones constan de un detalle pormenorizado de lo que come, de su imposibilidad de dejar de jugar a diferentes juegos en la computadora, de los libros que lee y por qué le agradan, de cómo procrastina la mayoría de las pocas tareas que debe completar a diario. También, relata un abanico de enfermedades o problemas de salud que cree tener (y que no tiene), producto de una sospechada y desopilante hipocondría (como ejemplo, cree que tiene problemas digestivos por la calidad del aceite de girasol que consume porque intuye que le agregan "algo" en Uruguay y por eso opta por consumir uno de marca argentina). Existe también un espacio donde nombra y relata sobre algunas mujeres de su vida: su ex mujer, una tal Chl que le cocina guisos y milanesas, su hija, entre otras. Más allá de su vida cotidiana, se puede leer entre líneas la mirada de la vida de un Levrero sexagenario, el cual percibo un tanto abatido o triste o deprimido o monótono o... gris. Eso, un hombre gris.


Mientras avanzo en la lectura, me pregunto por momentos para qué lo hago ya que más allá de sus descripciones sobre acciones mecánicas y algunas observaciones -todas del mismo carácter-, no hay mucho más. Lo que me lleva a preguntarme qué hace que un libro me guste o no; a veces es la trama, otras el estilo (o una combinación de ambas) pero también los lugares a donde me transporta, ese espacio invisible e imaginado que habitamos cuando leemos y del cual hay uno solo por cada lectura, incluso cuando leemos el mismo libro ya que lo que sea que imaginamos pertenece a nuestro exclusivo dominio mental y varía de momento a momento. Más allá de calificarlo (lo cual es totalmente subjetivo y por ende es incalificable), puedo deducir que con este libro Levrero me lleva a un lugar de monotonía y aburrimiento completos. Y entonces, un día este buen hombre comienza a hablar sobre su aburrimiento:


"Decía que estoy aburrido, y me es dado analizar un poco este estado. El aburrimiento viene mezclado con algo más fuerte, algo así como unas ráfagas que me asaltan cada tanto, de un sentimiento parecido al pánico o a una extrema desolación; como si de un momento a otro todo fuera a perder significado".

Sonrío por la ironía de leer un libro que me aburre y luego encontrarme con aquél párrafo donde escribe sobre su propio aburrimiento. Y mientras sospecho que en el autor, detrás de ese estado, se esconden muchas evasiones del presente (de hecho más adelante en el texto menciona que lo verdaderamente desea es estar jugando a los jueguitos de la computadora que se auto prohibió en un intento de irse a dormir más temprano que las 4am...), la mía la comprendo claramente a raíz de este suceso ya que cometí un error: el libro me intriga, quiero saber qué sucede más adelante, quiero leer qué descubre en ese año donde registra toda su vida a diario y qué relación encuentra con aquellos borradores que escribió hace 16 años y que constituyen "La novela luminosa" incluida hacia el final. Cuando un libro me aburre, sencillamente lo dejo porque siento que pierdo mi tiempo y si bien tal vez no suceda nada de lo que creo cuando termine esta obra, mi descubrimiento es que lo que me aburre no es el libro en sí mismo sino la vida que describe su autor (perdón Mario, que en paz descanses).


Pienso en los niños, que instintivamente no se aburren y todo me lleva a lo que tanto me gusta, la sorpresa, la curiosidad, el deseo de saber más. El escritor David Foster Wallace dijo una vez "Si sos inmune al aburrimiento, entonces literalmente no existe nada que no puedas lograr"




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