FIORELLALEVIN

 
 
  • Fiorella Levin

Blanco más Negro igual Gris

Caminábamos con mi perro Simón en nuestro paseo matutino, él oliendo el aire y el piso de forma alternada y yo disfrutando de su regocijo. Se detuvo al toparse de frente con otro perro, más grande y de color beige, que también frenó al verlo. Se miraron, se midieron, se olieron e hicieron todas esas cosas extrañas que hacen estos animales cuando se encuentran por primera vez y allí se quedaron parados los dos, observándose. Nosotros (el hombre que acompañaba a su mascota y yo) nos quedamos de pie, en silencio, estudiando el ritual, sabiendo que forma parte del folklore canino.


De pronto apareció un señor que pasaba caminando lentamente por donde nos encontrábamos los cuatro (el hombre, yo y el perro de cada uno), y a la vez que sostenía su mirada fija en los canes, exclamó al pasar con un tono pesimista: "a ver cual ataca primero...". Antes de que siga su marcha alcancé a preguntarle "¿por qué tiene que haber uno que ataque?" pero se retiró sin responder. Luego, se hizo un breve silencio entre el señor con su perro y yo y, al poco tiempo, él reflexionó diciendo "no todo es una grieta, ¿por qué tenemos que convertir cada cosa a macrista o kirchnerista?" Yo me reí, asentí con un "tal cual" y allí finalizó este corto encuentro pero me recordó a otras cosas.


Por ejemplo, a aquel evento al que asistí hace unos años, organizado por ex alumnos de una universidad en la cual estudié. Eran cuatro oradores que iban a hablar sobre cómo era trabajar en sus cargos. Dos de ellos, ejecutivos de alto nivel de importantes compañías multinacionales, un emprendedor y la cuarta era una joven mujer a cargo de una gerencia, en una empresa relacionada a la ingeniería. Cuando llegó su turno, el relato de esta chica acaparó mi total atención porque lo distintivo de su ponencia fue que explicaba cómo era trabajar en un entorno masculino ya que, en su mayoría, estaba integrado por ingenieros de la rama dura que reportaban a ella. Detalló su experiencia como mujer, habiendo logrado ascender en el escalafón hasta llegar al puesto que tenía, tras muchos años de trabajo.

Contó también que muchas veces le preguntan cómo es convivir en un ambiente tan masculino, si alguna vez se sintió discriminada, juzgada o incómoda. Lejos de eso, afirmó que desde un primer momento hubo mucho respeto por parte de todos los empleados y que se siente un par. Explayándose sobre el tema, surgió la palabra feminismo y dijo algo que me quedó grabado: "yo no soy feminista, yo me considero pro diversidad". Su comentario hacía referencia al hecho de que el cargo que ocupaba se había dado de un modo natural cuando llegó el momento de definirlo, sin tener que luchar contra algún prejuicio de género y también mencionó sentirse afortunada por ello, al advertir que esto no es lo que ocurre usualmente en las empresas.


Será que voy atenta a las propias etiquetas que me pongo a mi misma, que también observo con atención las que adoptan los otros. Estos ejemplos me parecieron sólo una muestra de la forma en que a veces etiquetamos todo para encajarlo dentro de una categoría. En la primer situación, la mente del señor evaluó que cuando dos perros se miran significa que uno de los dos va a atacar, omitiendo, desde mi punto de vista, una gran cantidad de otras posibles reacciones (olerse, mirarse, ignorarse y hasta no hacer nada, solamente por nombrar algunas). Creo que esta forma de ´dicotomizar´ nuestra percepción de las cosas es lo que nos impide ver tantas otras alternativas, donde muchas veces incluso se esconden oportunidades y nos perdemos la magia de ese espacio donde suceden cosas bellas, ese gris que está en el centro y no en los extremos. Me ocurre muchas veces y no me gusta cuando me doy cuenta, de hecho estas observaciones son recordatorios para mí misma.


El otro caso resultó a la inversa, fue la oradora quien encontró un gris al proclamarse "pro diversidad" y me gustó mucho porque de este modo no excluyó ningún tipo de preferencia o, dicho al revés, apoyó la igualdad de género de modo equitativo.


La filosofía Hermética explica siete principios que rigen el funcionamiento del universo, los cuales están detallados en uno de sus textos llamado"El Kybalión". Uno de estos principios es el de Polaridad que establece que "todo es dual, todo tiene polos; todo su par de opuestos; los semejantes y desemejantes son los mismos; los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo sólo en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse". Y lo explica así:"Este principio encierra la verdad de que todas las cosas tienen dos aspectos, dos polos" o como dice la frase "todas las cosas tienen dos caras". "Las enseñanzas herméticas opinan sobre la diferencia que existe entre cosas aparentemente opuestas diametralmente, que es sólo cuestión de grado.", continúa. Y luego cita algunos ejemplos de pares de opuestos: "el calor y el frío, elevado y bajo, el Este y el Oeste, la luz y la oscuridad, la escala musical, la escala del color, lo grande y lo pequeño, el ruido y la quietud, lo duro y lo blando, lo afilado y lo romo, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo". Esto significa que para efectuar un cambio, "no se trata de transmutar una cosa en otra completamente diferente, sino que se reduce a un simple cambio de grado de la misma, un deslizamiento en la escala".


Y yo agrego al hermetismo un componente pragmático de carácter blando que me sirve para la aplicación a nuestros ejemplos y es que para poder efectuar ese deslizamiento en la escala, lo que necesitamos es ser flexibles, debido a que, en ocasiones, tal como ilustran estos dos ejemplos, a veces nos limitamos al tomar una postura extrema frente a algo, sea un partido político, una creencia religiosa, un derecho o el simple hecho de asumir una posición frente a una afirmación. No digo que esté mal defender y apoyar las causas o creencias a las que adhiere cada uno, sólo pienso que no resulta provechoso hablar de eso en términos absolutos, llevándolo a extremos, porque ponernos etiquetas y pararnos en los extremos a veces nos lleva a sesgarnos y al final, terminamos excluyendo más de lo que quisimos involucrar en un primer momento.


Y qué alegría que existen las gradaciones entre los extremos, sino esto no sería posible...



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Cortito y al pie.  

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©2020 blog Fiorella Levin
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