• Fiorella Levin

AM-PM


DOMINGO AM. Cumpleaños. Película triste. Collages. Mate. Tiempo. Nublado. Tiempo para escribir. Evolución. Consciencia humana.


Leo algunos titulares del diario, de a poco siento que avanzamos en la dirección "correcta" (algo totalmente subjetivo porque ¿qué es lo correcto?) pero cualquiera que sea sensato diría que padezco el mismo mal que Don Quijote porque la realidad muestra lo opuesto, el mundo atraviesa una pandemia, no solo de Covid sino de muchos otros males. Aún así, yo tengo la sensación buena de algo que se viene gestando hace rato, es un algo enorme pero que apenas asoma. Y de a poco podemos espiar lo que se viene cuando en la realidad irrumpen noticias como esta: "Una nueva ley reconocera que los animales tienen sentimientos".


Muchas veces me pregunto por qué algunas cosas permanecen tan estáticas como hace siglos (lo cual no es meramente una forma de decir). Intento trasladarme mentalmente a tiempos pasados y con algo de esfuerzo comprendo por qué, dado el contexto, algunas cosas eran como sucedían entonces (lo que dista de que adhiera a dichas conductas o las justifique), pero entiendo que formaron parte de la evolución, por ejemplo la existencia de la monarquía, las guerras, la caza, los roles que ocuparon el hombre y la mujer dentro de la sociedad, la pesca, la educación, la utilización de animales como medio de transporte.


Algunas de estas prácticas fueron abolidas, como la esclavitud, y otras mutaron de su forma original hacia a otra; mismo caso de esclavitud donde aun existen serios problemas de discriminación y sometimiento en todo el mundo, el rol del hombre y la mujer también cambió y aun así todavía falta.


Me pregunto -y luego me contesto- por qué algunos cambios, que es evidente urge realizar, llevan tantos años para verse materializados. Entonces me contesto que son años de condicionamiento, de mandatos, de aprender una y otra vez lo mismo, de traspasar de generación en generación estas mismas pautas, hábitos y mandatos. Entonces surge la pregunta evidente ¿cómo se corta el ciclo? El ciclo se interrumpe cuando alguien los cuestiona, pero para que eso ocurra, ese alguien debe antes hacerse preguntas a sí mismo acerca de sus propios hábitos, de sus pautas heredadas, de su modo de vivir.

En relación a los animales, el cambio a mí me llegó a los catorce años, en un mundo donde no conocía personas vegetarianas, lo escuché por primera vez de boca del hijo de mi papá- mi hermanastro- quien vivía en Australia y traía las tendencias del primer mundo cada vez que llegaba de visita. Fue en uno de esos viajes que vino con el vegetarianismo puesto y la idea, el concepto, me interpeló. Confieso que el día que decidí volverme vegetariana no lo hice por los animales, por el contrario, venía asqueada de comer tantas milanesas de carne que preparaba mi madre de forma casera y me iba a dormir empachada de tantas que comía, llegué a contar siete y esa noche toqué un límite que aun recuerdo.


Sosteniendo el hábito a lo largo del tiempo llegó la toma de consciencia con el agregado que el contexto, con todos los cambios que se impusieron en este sentido, fue acompañando y recién diecinueve años más tarde decidí ir un paso más allá, dejando la primera tanda de lácteos (yogur y leche) que me facilitaría el traspaso al veganismo pero esta vez con la plena convicción de que lo estaba haciendo por mis fuertes creencias respecto a la igualdad de los animales, luego de informarme de forma creciente sobre las crueles prácticas que existen en la ganadería y en la pesca, y también ayudada por la extensa variedad de opciones disponibles, alimentos "nuevos" como la quínoa o la soja texturizada, que siempre estuvieron ahí en la naturaleza para nuestro consumo pero de lo cual no tenía ni la más remota idea.


Fue recién el año pasado, pandemia mediante y luego de grandes excesos de chocolate que di el paso final, dejando lo que mas me costaba: el chocolate con leche y los quesos. Pero encontré tantas opciones para reemplazar que, a pesar de mis temores, fue relativamente fácil, ya eran mas años vividos alimentándome de esta forma que de los que había consumido carne. Pero lo mas fuerte fue la sensación interna, esa de estar alineada completamente con mis convicciones, la voz que me decía "esto esta bien, esto es lo que quiero para el mundo", y creo que eso es imbatible. La coherencia.


Este es un corto ejemplo de evolución en los treinta y nueve años que llevo vividos y es una evolución que sigue su proceso porque aun me quedan muchas cosas por pulir, aprender a comer de modo más equilibrado, escuchando las necesidades de mi cuerpo y no llenándome cuando estoy aburrida o por el simple placer de comer a reventar (con la horrible sensación física que viene después, incluso sabiendo que va a llegar).

La evolución no solo lleva mucho tiempo sino que a cada uno lo interpela de un modo distinto, comprendo que hay personas que jamás dejarán de comer carne porque posiblemente es algo que no los interpela como a mí, quizás su evolución pasa por otro lado, por ejemplo por defender sus elecciones sexuales, o por lograr la igualdad de género en su ámbito laboral, o por empujar para que la educación llegue a todos por igual. Y por este mismo motivo pienso que nadie tiene la última palabra en estas cuestiones, porque todos estamos evolucionando en el área que necesitamos evolucionar y de a poco, esas pequeñas evoluciones se desparraman hacia otras áreas de la vida, primero en las propias y luego impactando en las del resto. Desde la propia coherencia somos ejemplos hacia afuera, ayudamos a que otros se cuestionen. Posiblemente yo lo genere desde mi alimentación y de igual modo, otros me ayudan a ser más consciente en aquellas áreas de la vida donde habitualmente no me cuestiono porque no está directamente relacionado con la historia de mi vida.


DOMINGO PM. Apertura. Flexibilidad. Coherencia. Evolución. Ayudar. Consciencia. Amor. Empatía. Las palabras de este día soleado.


El mundo de 2040 será un mundo muy diferente al de hoy, y muy frenético. El ritmo de cambio, seguramente, se acelerará más y más, por lo que tendremos que ser capaces de aprender y de reinventarnos constantemente… incluso a los sesenta años (...) Es probable que la mayor parte de lo que aprendemos hoy en la escuela sea irrelevante cuando tengamos cuarenta años (…). El mejor consejo que puedo dar es que cultivemos nuestra resiliencia e inteligencia emocional" - Yuval Noah Harari, historiador y escritor

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