• Fiorella Levin

A medias



Hace un tiempo tenía un problema importante con la lectura, si empezaba a leer un libro y en seguida sentía que no conectaba con las palabras del autor o con su estilo de escritura o con la historia (o con lo que fuera), aún así me obligaba a terminarlo. Así me pasé mucho tiempo leyendo obras que no me interesaban en absoluto pero por algún motivo extraño, no lograba dejar de leer. Tenía total consciencia de que el libro no me estaba aportando ni disfrute, ni información valiosa, ni nada que pudiera rescatar. Lo terminaba simplemente porque "tenía que terminarlo". Porque las cosas que se empiezan, "hay que terminarlas". Maldito deber ser.


Un buen día, y luego de conocer a varias personas que abiertamente decían abandonar las lecturas con las que no fluían, me dije "estoy perdiendo mi tiempo" porque hay tantas cosas que encuentro interesantísimas para leer y aprender y a las que podría estar dedicándoles este tiempo que no encuentro provechoso. Así, empecé a abandonar deliberadamente aquellos libros que no encontraba sentido en seguir leyendo. No fue fácil, al principio los dejaba casi llegando al final y leyendo entre líneas (o en diagonal, como dice un conocido), todas las hojas restantes por si me estaba perdiendo de algo importante.


Compartí esta experiencia con amigos y conocidos que leen bastante y todos me confesaron lo mismo, antes los terminaba aunque no me gustaran, ahora los dejo. Llegó un momento en que establecí una regla para obligarme a abandonar los escritos que desestimo porque también encontré que muchas lecturas empiezan de un modo aburrido o lento y más adelante, la velocidad cambia o hay un plot twist interesante, o a algún personaje le pasa algo impensado. Entonces mi criterio es que leo hasta la mitad y si llegué hasta ahí y mi sensación no cambia, entonces cierro el libro, lo agrego en mi listado de abandonados y en seguida avanzo con otro. Así, no hay culpas ni remordimientos.


Esta semana fui a una librería de usados y me quedé conversando con el librero sobre este tema. A él le ocurría lo mismo, antes no podía dejar los libros que no lo interpelaban, ahora me dijo, si leo las primeras hojas y ya no me atrapó, lo dejo. Llegué a la conclusión que existe una especie de intuición acá también y es que para quienes leemos una buena cantidad de libros, podemos darnos cuenta pronto cuándo un libro o un autor nos puede llegar a sorprender, incluso me pasó con libros de algún autor que no me gustaron pero que reconocí lo que consideré una buena escritura y compré otro título y no me decepcionaron.


Me recuerda al FOMO, el Fear of missing out, esa sensación cuando creemos que nos estamos perdiendo de algo. Lo cierto es que no hay bien o mal, creo que acá también aplica el criterio del disfrute, si me da placer hacerlo, si estoy disfrutando, entonces avanzo, de lo contrario, no me estoy perdiendo de nada.



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